Y lo que es mucho peor,
me entretejo en tu puerta,
en ese aire que entre tanto y tanto no sé si es tuyo o si es mío.
Que ya poco importa eso.
Que ya poco importa el resto.
Si al fin, yo misma te pertenezco.
Y así, me caiga o me arroje,
Tú, siendo la única culpable,
nos vuelves inmortales.
¡Con qué gracia mi mar acoge tu cuerpo!
¡Con qué placer me tiendes!
tú,
tú te has convertido en mi muelle.