viernes, 30 de octubre de 2015

A lo alto

Con el vacío del vacío,
no puedo nombrarte,
resguardada con el único latido
con el que sé andar,
te amo.

Alto esta el muelle al que fuiste
a desembarcar.

jueves, 14 de mayo de 2015

No hay nada más que tú.

Llegas fuerte, 
como la hora de nuestra muerte. 
Ahí, donde reina el silencio. 
Donde tiernamente inventas nuestro paraíso.
LLegas altanera, 
y me destierras del horror y del hierro. 
No hay nada más que tú.
No hay nada más que el verbo.

martes, 28 de abril de 2015

Hoyuelos

Qué terrible saber
que dispones de mi muerte...
Sí, bien sé lo que me espera,
detrás tuyo me aguarda el amor.

Y tus lunas sordas,
Y tu lenguaje pretérito,
Mi estadía en tus entrañas,
esas a las que pertenezco

Y dispones de una risa,
ciega y maldita,
cuando entre dientes me dices
"va a ser terrible".

Terrible,
terrible es saber que,
repito,
dispones de mi muerte.

El cuerpo que vistes,
ese que ahora me mira,
ese que ahora me lee
y me jode..

Después de ese cuerpo está el amor.
Y me veo sonriendo,
Menos mía
más tuya. 

martes, 30 de septiembre de 2014

¿Dónde quedo yo sin la lluvia de invierno,
sin una piel de oso que abrigue mis larvas?

El simulacro de una guitarra.
sí, eso bajo mi blusa.
sí, la lluvia.

¿Qué hago sin los versos?
La tinta que poco a poco se levanta en alta mar
Y tu nombre en el agua.
Ese nombre que,
siguiendo las costumbres portuguesas,
le asigno a mi barco.

Ese nombre que se cuela, por las rendijas, a deshacerme.
Más allá de las últimas palabras.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Arden tus muslos.
Arden mis manos.

Y tu zarza no se consume,

eres la primera después de tantas.
Me miro, 
Miro a mi alrededor. 

No soy nada diferente a quien era hace siete años.
Todo tiene el mismo sabor.

Igual que cuando tenía 17 y todo era tan difícil. 

Tengo miedo, 
dejar de ser, sólo porque no he sido.
¡Qué poca cosa!


Y una botella se revienta en mi pierna. 
Un espejo en mi rostro. 
Y un perro me ladra, me persigue. 

Y mi madre ahí,  al frente, 
sin ser. 

Y caen cuchillos a mis pies. 
Me cortan pero no sangro, no me hieren. 

Me río 
y ellos ríen conmigo. 

Los saco de mis pies, 
sale todo. 
Mi carne, mis huesos. 

Me veo a mi misma. 
Me veo una niña. 

Cierro los ojos, 
los abro. 


Sí, una niña. 
Camino en puntillas, 
procurando no despertar nuestra muerte.

Y, solo con verte así, 
despeinada,
arde mi hoguera.

Y me entierras, despacito, 
en la gloria,
me entierras viva, 
todos los días de mi muerte.