Es ahora que me doy cuenta
que solo soy
algunos restos en el instestino delgado.
Uno que otro acné impregnado.
Un fatal aliento a ceniza.
Una maraña de miedos.
Miedo, uno inmenso a la soledad.
Sí, a la soledad.
¿Qué me hago ahora
sino puedo jugar bajo tus pliegues?
¿Qué me hago yo sin tu muelle?
¿Dónde guardo nuestra luna?
No hay espacio,
a pesar de que te lo has llevado todo.
¿Y qué me hago conmigo misma?
Con estos deseos de extinguirme.
De no volver a saberte mía.
De no volver a verte,
o de verte todavía.
No lo sé.
De que entres conmigo a la marea.
Y que esta, salvaje,
nos ahoge en su paso.
Para no ser los esclavos martirizados del tiempo, embriagaos, ¡embriagaos sin cesar! con vino, poesía o virtud, a vuestra guisa.
ResponderEliminarCharles Baudelaire